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Ábila ya arrancó su carrera contrarreloj para estar en la semi pero sigue siendo difícil que llegue al 100% al primer Súper.

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04 de septiembre de 2019
ole.com.ar
Enterate por qué...

Gustavo Alfaro podrá ser un hombre de convicciones firmes, de ideas claras, pero lejos está de comer vidrio. Más allá de la mueca de conformismo con que Lechuga dejó el Monumental, el DT de Boca sabe bien que por la Copa será otro cantar y que plantear un partido similar en cancha de River, con el mismo esquema y los mismos apellidos, podría dejar a su equipo con las manos vacías.

Por eso, además de revisar algunas cuestiones tácticas, lo primero que quiera hacer Lechuga es recuperar lo antes posible a sus dos soldados tocados. A Salvio, que arrastra una pequeña distensión y hasta podría jugar contra Estudiantes, pero sobre todas las cosas a Wanchope, el goleador de Boca en el 2019, quien ya arrancó una carrera contrarreloj para reponerse cuanto antes de una lesión muscular que lo tiene a maltraer en la pierna derecha. De hecho, en estos días empezaría a realizar algunos trabajos de campo. ¿Llegará?



Ocurre que el problema físico que aqueja al 9 no es uno más. Se trata de una avulsión parcial en el aductor. Es decir, un un desprendimiento en la inserción del músculo. Algo bastante más importante que un desgarro común y corriente. Teniendo en cuenta que Wanchope se lesionó el 28 de agosto en la revancha frente a Liga de Quito, la matemática indica que llegaría con lo justo al primer chico ante el equipo de Gallardo.

El tema es que, de no llega Wanchope, Alfaro tampoco maneja muchas opciones. Al menos, del nivel y la jerarquía de Wancho. A Soldano, el otro 9 del plantel, Alfaro lo viene utilizando más por afuera que por adentro. Y Hurtado no hizo los méritos suficientes para quedarse con el puesto. ¿Tevez? No está para fajarse con los centrales. ¿Zárate? También vuelve de una lesión y con Lechuga nunca jugó como referencia de área. ¿Salvio? Era punta en sus inicios en Lanús, pero hace años no ocupa esa posición.



El tema es que, de no llega Wanchope, Alfaro tampoco maneja muchas opciones. Al menos, del nivel y la jerarquía de Wancho. A Soldano, el otro 9 del plantel, Alfaro lo viene utilizando más por afuera que por adentro. Y Hurtado no hizo los méritos suficientes para quedarse con el puesto. ¿Tevez? No está para fajarse con los centrales. ¿Zárate? También vuelve de una lesión y con Lechuga nunca jugó como referencia de área. ¿Salvio? Era punta en sus inicios en Lanús, pero hace años no ocupa esa posición.

Los trabajos que debe realizar Ábila son similares a los que requiere cualquier desgarro, pero conlleva, claro, más días. Tres semanas de tareas en kinesiología, una más para ponerse fino en lo físico y una más para tomar contacto con la pelota y agarrar ritmo de competencia. Debe ir de a poquito. Si se exige más de la cuenta, su regreso podría retrasarse y quedarse otra vez afuera del clásico.

No es la primera vez que el cordobés padece una lesión de estas características. A fines del 2017, cuando todavía jugaba en Huracán, un desgarro le alejó de las canchas durante buena parte de la pretemporada con Boca. Y en lo que va de este año ya sufrió tres desgarros. Uno el 29/3 (también en el aductor derecho, ante Banfield), otro el 12/5 (en el izquierdo, con Vélez por Copa Superliga), y otro ahora.

Wancho, con diez goles en 25 partidos, es la carta de gol de Boca en 2019. En este semestre ya les convirtió a Paranaense y a Liga, para cerrar las llaves de octavos y cuartos de final de la Copa. Para Alfaro es una pieza clave. El 9 que faltaba para ganarle a River.

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