Riquelme cumple años en plena crisis futbolística de Boca: hay que exigirle, pero sin bajarlo del póster
El mayor regalo que podemos hacerle a Román en el día de su cumpleaños 48 es marcarle los errores. La gratitud y el agradecimiento van de la mano con la exigencia.
Juan Román Riquelme cambió la historia de Boca. Para siempre. Quien discuta o ponga en duda esto habrá caído en la odiosa grieta que nos acompaña desde hace un largo tiempo. Bajarlo del póster jamás será una opción, pero esto no quita que hay y habrá que seguir exigiéndole. Por lo menos hasta que sea dirigente de nuestro querido club.
Quienes pasamos las tres décadas, y fuimos contemporáneos a su fútbol desde finales de los 90, encontramos en él un referente absoluto. Nadie jugó tan bien a la pelota con la camiseta xeneize como él. Lo saben los que peinan canas, los que ya no somos adolescentes y también los pibes que se deleitan en Internet con imágenes del pasado.
No podremos, ni debemos, olvidarnos del gol a Bonano de tiro libre en Núñez, del caño a Yepes, del baile al Real Madrid en Japón, de lo al frente que fue en la Batalla del Parque Antártica contra Palmeiras, del Topo Gigio que nos marcó a fuego, de su rezo en mitad de cancha vs. Cruz Azul, de sus lágrimas post Bayern Munich y de cómo se empoderó en 2007 para ganar su tercera Libertadores con la de Boca, entre otras tantas cosas. Al fin y al cabo, el Indio Solari tenía razón: “La memoria es el paraíso del que no nos pueden expulsar”.
Sin embargo, pese a los recuerdos, el agradecimiento y la gratitud eterna que hay que tener con el nacido en Don Torcuato, no está permitido bajar la vara. Ni siquiera en el día de su cumpleaños número 48. Porque él, con la número 10 en la espalda, nos enseñó que Boca siempre tiene que ir por más y que conformarse con poco no va de la mano con el ADN de los que somos de acá.
La eliminación de la Copa Libertadores en la fase de grupos nos golpeó a todos. Fue un cachetazo de realidad absoluto. Con lo que hay, no alcanza. Con lo que se está haciendo, tampoco. La mano tiene que cambiar. Y para que eso suceda, hay que ejecutar otro plan que ojalá ya esté en marcha. Boca se merece estar muchísimo mejor de lo que está.
Román siempre será Román. Hablaremos de él por los siglos de los siglos. Lo que hizo no tiene fecha de vencimiento. No hubo ni habrá otro igual, al menos con la de Boca puesta. Su obra como futbolista traspasará de generación en generación. Ojalá también podamos emocionarnos e inflar el pecho al hablar de su etapa como dirigente.