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Club de fans de Riquelme
¿Cuánto sabes de Riquelme?

En la previa del clásico que los involucra y enfrenta a sus equipos, todo lo que pasó entre ellos...

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24 de noviembre de 2021
ole.com.ar

No hubo otra interna igual durante este siglo en Boca. De principio a fin, el tiempo en el que coincidieron en el club, no se pudieron ver.

Se tiraban con todo, principalmente por la espalda. Hablaban por lo bajo. Paraban entrevistas una y otra vez para decir lo que pensaban con los grabadores en pausa. Sólo lo disimulaban un poco cuando los micrófonos y las cámaras se encendían. Ellos eran las cabezas del enfrentamiento, pero bajaba hacia sus laderos, involucraba a mucha más gente, ayudantes y compañeros, y afectaba a todo el mundo. Al punto de poner en riesgo la final de una Copa Libertadores. Julio César Falcioni vs. Juan Román Riquelme, hoy frente a frente como rivales con distinta camiseta, uno como DT de Independiente y el otro al frente del fútbol de Boca.

“¿Te gusta Falcioni para Boca?”, le preguntaron a Riquelme cuando se lo mencionaba como candidato a técnico. “A mí me gustan las mujeres”, respondió, con gambeta con dejó bien claro que el ADN futbolístico los separaba de antemano. Pero sería a mediados del 2011, en la primera pretemporada en Tandil, cuando el entrenador se mantuvo fiel a su estilo y quiso poner al ídolo a correr como uno más por las sierras tandilenses. Y no faltaron los que lo acusaron de querer “romperlo”.

“Hoy la relación con Román la manejaríamos de manera diferente, son cosas que uno aprende con el tiempo”, contó unos meses atrás el PF Gustavo Otero, hoy en el cuerpo técnico del Rojo.



Poco después de esa pretemporada, en el inicio del torneo Clausura, Boca con Riquelme perdió 4-1 en el debut ante Godoy Cruz, a la semana le ganó 1-0 a Racing sin Riquelme por lesión, y para la tercera fecha frente a All Boys, estalló la bomba: el técnico gastó su única bala al no convocar al número 10.

El equipo no anduvo, empató de local 0-0 y la Bombonera se vino abajo pidiendo por su ídolo.

“No se quieren. Encima se matan por atrás, se dicen todo pero nunca van de frente”, contaban desde adentro del club. “Cuando Román le hace la cruz a alguien es para siempre”, decían de un lado. Y respondían del otro: “Si le ganábamos a All Boys no jugaba más”.

Durante ese mismo Clausura, el técnico separó del plantel a Javi García, luego de que dejara la concentración para acompañar nada menos que a Román a hacerse unos estudios, y así lo convirtió en el primero de una larga lista de amigos del ídolo en ser borrado durante su ciclo. Todo muy personal. Ni se miraban.

En ese contexto, Falcioni se apoyó durante el primer semestre del 2011 en Martín Palermo y, cuando se venía el anunciado retiro a mitad de año, hasta le pidió que siguiera seis meses más para mantener el escudo protector.

La necesaria tregua se dio en la pretemporada de invierno en Brasil. El DT dejó de lado lo que le molestaba de JR, como el poco sacrificio, y cedió al abandonar el 4-4-2. Y así llegó un período de cierta calma durante el Apertura 2011 que tuvo a Román tocado (jugó 11 partidos) y terminó en una vuelta olímpica récord. Campeón por 12 puntos, invicto y con apenas seis goles recibidos.



La paz aparente duró hasta la siguiente pretemporada en Tandil, con comentarios por lo bajo de uno sobre otro. “¿Alguien vio cómo se entrena?”, decían de manera burlona desde el cuerpo técnico. “El equipo no juega a nada”, aseguraban desde la vereda de enfrente.

Y antes de su primer partido del 2012, Riquelme hizo público lo privado con una frase que entró en la historia: “Hace ocho meses Falcioni me hizo correr solo como un boludo acá, cuando jugamos con All Boys, y no dije nada”. Luego agregó que había que jugar mejor porque un día “la suerte se termina”.

En el calor venezolano, en el comienzo de la Libertadores ante el Zamora, estalló todo cuando Falcioni creyó haber comprobado una vieja sospecha: Riquelme les daba indicaciones a sus compañeros para jugar de forma distinta. Por esa sospecha, sacó a Cvitanich y le dijo la razón. Román se enteró y se prendió fuego el vestuario. El plantel bancó a su capitán y el DT renunció, aunque luego daría marcha atrás por pedido de Daniel Angelici.

Nada fue igual a partir de ese viaje. Ni con el plantel ni con los dirigentes. Falcioni perdió respaldo, empezaron a cuestionarlo. Dejó de hablar en conferencias de prensa. No así los jugadores, que no dudaban en cuestionar el juego del equipo ante las cámaras.

Así y todo, Boca fue superando etapas en la Libertadores y los resultados empujaron a todos para adelante. Unión Española en octavos, Fluminense en cuartos y Universidad de Chile en semifinales... Hasta que llegó la final contra el Corinthians.

En la previa, el mismo día de la revancha en Brasil, uno de los hermanos de Román soltó la bomba del retiro. Fueron horas tensas. Increíbles. Varios jugadores lo sabían, otros se sumaron a la incertibumbre. “Estoy vacío, no tengo nada más para darle al club”, confirmó el 10 tras su primera derrota en una final de Copa.

La enemistad era tal que se dijo que JR sintió alivio por no haber ayudado a JC -y a Angelici- a ganar su primera Libertadores, luego de tres finales perdidas en sus tiempos de arquero de América de Cali.



Falcioni siguió, Riquelme se fue. Por fin estaba ante la oportunidad de armar el equipo como quisiera...Pero el clima tenso con el resto del plantel se mantuvo y los palos le caían de todos lados. Su apoyo eran Orion, Erviti y Silva. “Si la gente canta por Riquelme no será un canto de guerra, sino un grito de amor, no es de guerra para nadie”, se atajaba el DT.

Si faltaba más, en medio del semestre el ídolo se acercó al club para despedirse de los hinchas. “Le mando saludos a Falcioni si está mirando la tele”, dijo. “Falcioni no me podía enseñar nada, yo tengo 34 años, ¿qué me iba a enseñar? ¿A atajar?”.

Las esquirlas de Riquelme no eran fáciles de evitar. Los hinchas no perdonaban. Una cámara de TV en la puerta de un restaurante de Puerto Madero que agarró a Angelici y Falcioni reunidos por la renovación fue el detonante: en la última fecha frente a Godoy Cruz, la Bombonera se preparó para una jornada especial. Repudiaron con insultos y chiflidos a Angelici y Falcioni. Rogaron por la vuelta de Riquelme y Bianchi. Fue el día en el que el Templo latió, tembló y habló. Echó a un técnico y trajo del retiro a otro. Junto con Román, claro.



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