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¿Cuánto sabes de Riquelme?

Tevez interpretó que no haber sido titular en el Súper del domingo lo dejaba sin chances en los duelos de la Copa.

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07 de septiembre de 2019
ole.com.ar
Pero nada que ver. Con Alfaro todo puede pasar. ¿Y si al final juega?

La cara de traste, de culo, bah, de Carlos Tevez cuando llegó, jugó y se fue del Monumental ilustrará para siempre ese triste superclásico sin goles que no pasará a la historia por otra cosa que por el gesto avinagrado del Apache.

Lo que vivió Carlitos fue un tsunami interior cuando, a horas del partido contra River por la Superliga, se enteró por boca de Gustavo Alfaro de que no sería titular. No era un clásico más: era el primero luego de la final de Madrid y el equipo llegaba herido de figuras por las lesiones de Wanchope Ábila, Mauro Zárate (con quien el Apache pelea un puesto partido a partido) y Eduardo Salvio. Ante este panorama, Tevez pensó que era número puesto, pero chocó contra el Modo Alfaro de poner el equipo subordinado a una estrategia de juego, sin importar el tamaño del cartel de los jugadores que él entrena. Carlitos hizo un análisis lineal, desde su situación personal, ignorando el contexto más profundo de lo que Boca se jugaba esa tarde. Alfaro, simplemente, priorizó un equipo duro, atlético, para hacerse fuerte desde la solidez. “River es un equipo intenso y para enfrentarlo necesitaba un equipo intenso”, contó Lechuga después del partido. El análisis en el cuartel general de Casa Amarilla fue claro: el objetivo madre es que Boca tenía que cortar la sangría de derrotas contra River, aunque éste se tratara de un duelo por el campeonato local, donde el Boca de Guillermo se había anotado dos triunfos consecutivos en Núñez. Pero además, había que dar un mensaje de fortaleza (mental, física, futbolística), incomodar a River. Dar un mensaje, vamos, de que Madrid se había quedado en Madrid. Puro pasado.

Entonces, adiós a las formas y a la obligación de jugar lindo. Boca sacrificó cualquier demanda estética: jugar feo era parte del plan. Y ese objetivo se llevó puesto el ego de Carlitos quien, herido en su condición de estrella, no pudo evitar exhibir el fastidio, y acaso hasta eligió no fingir para que se notara más. Tevez pensó que si había sido suplente de Soldano y Jan Hurtado mucho menos lo haría por la Copa, cuando Ábila y Zárate estuvieran a disposición.



Entonces, adiós a las formas y a la obligación de jugar lindo. Boca sacrificó cualquier demanda estética: jugar feo era parte del plan. Y ese objetivo se llevó puesto el ego de Carlitos quien, herido en su condición de estrella, no pudo evitar exhibir el fastidio, y acaso hasta eligió no fingir para que se notara más. Tevez pensó que si había sido suplente de Soldano y Jan Hurtado mucho menos lo haría por la Copa, cuando Ábila y Zárate estuvieran a disposición.

La estrategia y el modelo táctico para la ida en el Monumental todavía no salieron del laboratorio de Alfaro. Seguramente el equipo buscará preocupar más a Armani que en el partido del domingo pasado, cosa que le será más sencilla con Salvio y Ábila. El abanico de posibilidades es amplio. Tanto, que una de las variantes de Lechuga podría incluir jugar con un 4-4-2, 4-4-1-1 ó 4-2-3-1 y en esos dibujos un jugador de las características del Apache combinan a la perfección. Además, con Mauro Zárate volviendo de un desgarro (ver página 10) y con un nivel futbolístico que no fue el mejor antes de la lesión, no hay ningún elemento que lleve a pensar que Tevez está descartado del clásico copero. Algo de esto debe haber leído Carlitos en estos días, porque en los últimos entrenamientos se mostró activo, lejos del lenguaje corporal que mostró en Núñez.



Boca, además, necesita que su líder no se aísle en sus propios conflictos personales. Este Tevez está obligado a trascender desde su yo para abarcar el nosotros. Nada le aportará al equipo verlo enojado, encerrado en sus propias necesidades y sin mirar a los costados. Por eso, Carlitos, nada está dicho. ¡Cambiá la cara!



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