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Oveja Hernández explicó por qué Boca necesita jugadores inconscientes

En una entrevista con Planeta Boca Juniors, Sergio “Oveja” Hernández habló de su vínculo con el club y analizó el peso de la presión en Boca. Sostuvo que los jóvenes aportan audacia y que, para jugar con la camiseta xeneize, hace falta cierta inconsciencia. También recordó las enseñanzas de Carlos Bianchi y se refirió a Juan Román Riquelme y Rodolfo Arruabarrena.

Oveja Hernández explicó por qué Boca necesita jugadores inconscientes
planetabj.com
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Hincha de Boca y entrenador de básquet, Sergio 'Oveja' Hernández repasó su relación con el club y explicó por qué, según él, la inconsciencia de los jóvenes puede ser clave para afrontar la presión de jugar en el Xeneize.

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Sergio “Oveja” Hernández, reconocido entrenador de básquet e hincha de Boca, conversó con Planeta Boca Juniors sobre su pasión por el club y distintos aspectos del alto rendimiento deportivo.

En la charla habló sobre el manejo de los jóvenes, lo que aprendió de Carlos Bianchi, su trato con Juan Román Riquelme y su mirada sobre Rodolfo Arruabarrena en su nuevo ciclo como entrenador.

—¿Cómo vivís actualmente tu vínculo con Boca?

—Como hincha lo vivo bien. No me enojo demasiado cuando el equipo atraviesa una mala campaña o no termina de ensamblarse. Tengo dos hijos gemelos fanáticos de Boca y un grupo de WhatsApp que prácticamente solo usamos cuando juega el equipo. Ahí podemos criticar o elogiar a algún jugador, pero son comentarios del momento. Me cuesta ser muy duro cuando está de por medio la camiseta de Boca.

Su pasión por Boca y cómo el trabajo modificó su manera de vivirla

—Si tuvieras que resumirlo, ¿qué significa Boca para vos?

—Boca es mi viejo. Él no era muy apasionado por otras cosas, pero sí por el club. Me enseñaba los nombres de los jugadores y las formaciones. En una época en la que muchos partidos no se televisaban, escuchábamos la radio: él se sentaba junto a la Tonomac que estaba sobre la heladera y durante un buen rato había que guardar silencio para seguir el partido.

—Boca me conecta con mi familia. Llevo muchos años trabajando en el deporte profesional y eso fue diluyendo un poco mi pasión de hincha. Entiendo al entrenador cuando las cosas no salen: me dan ganas de entrar a la pantalla y abrazarlo. Si le va muy bien, también le diría que disfrute el partido, pero que no se confíe porque el siguiente puede ser muy complicado.

—También comprendo al jugador que atraviesa un mal momento y al que está en uno brillante. Cuando entendés tanto lo que pasa, dejás de ser un hincha puramente pasional: la pasión suele dejar de lado la razón, y a mí no me pasa tanto porque vivo del deporte.

Mano a mano con Oveja Hernández: "Para triunfar en Boca hay que ser inconsciente"

La Bombonera y el vínculo con Juan Román Riquelme

—¿Vas seguido a la Bombonera?

—Voy, aunque hace bastante que no lo hago. Viví un año y medio afuera y, durante los últimos cuatro años, pasé más tiempo fuera que en el país. A veces me invitan amigos que tienen abono. Me volví un hincha algo cómodo, aunque no me gusta: conseguir una entrada no es sencillo. Bromeo con que habría que tocarle el timbre a Riquelme, pero ni siquiera sé dónde vive. Tengo su teléfono.

—¿Tenés relación con él?

—Nunca le escribí ni se me ocurriría pedirle una entrada al presidente de un club. Cuando nos cruzamos, él me dice “profe”, nos saludamos y seguimos cada uno por su lado. No compartimos un mate o un asado. En la cancha lo disfruté muchísimo: era un jugador extraordinario, con personalidad, precisión y calidad. Podía jugar a su manera, correr o no hacerlo, y aun así resolvía bien. Es muy difícil reunir tantas condiciones en un deportista.

Lo que aprendió de Carlos Bianchi y una anécdota en Boca

—Compartiste una etapa en Boca con Carlos Bianchi. ¿Qué te dejó?

—Tengo relación con Carlos y nos juntamos algunas veces, aunque hace tiempo que no hablamos más allá de algún llamado. Él enseña con el ejemplo, por su conducta y su manera de ser. Aprendí que no importa si ese día entrenan los jugadores que se están recuperando: si hay dos futbolistas trabajando, él está presente.

—Muchos destacan que se ocupaba especialmente de los que no jugaban.

—Eso tiene que ver con el liderazgo y la gestión de grupos. Un entrenador necesita saber conducir personas, y lo que hacía Carlos mostraba empatía: estar presente y acompañar.

—Cuando yo llegaba temprano, siempre veía su auto, aunque el entrenamiento de fútbol comenzaba más tarde. Una vez regresamos de jugar contra Argentino de Junín y llegamos a Buenos Aires cerca de las siete de la mañana. Dejábamos los autos en la Bombonerita durante los viajes y, al irme, volví a ver el de Carlos. Me llamó la atención.

Mano a mano con Oveja Hernández: "Para triunfar en Boca hay que ser inconsciente"

—Cuando estaba por salir, Bianchi entró por el portón de la Bombonerita. Me contó que a veces iba a esa hora a controlar que los chicos reclutados en Casa Amarilla asistieran al colegio. Algunos se arreglaban con personal de seguridad para que figurara que habían ido, aunque se quedaran durmiendo. Como no sabían qué día aparecería, dejaron de hacerlo. Esas cosas también enseñaban.

—Bianchi podía irse a las siete u ocho de la noche, después de haber llegado a las siete de la mañana. Aunque alguien pueda decir que hay trabajadores que cumplen horarios parecidos, en el deporte no era algo habitual, y él tenía un cuerpo de trabajo importante. Esa era su forma de estar. Creo que hubo un antes y un después de Bianchi en Boca, más allá de los títulos.

La mirada de Hernández sobre Rodolfo Arruabarrena

—¿Cómo ves al Vasco?

—Tiene un ADN muy bostero y creo que está intentando que el equipo juegue de una manera que le gusta al hincha de Boca: compacto y sólido, con rasgos de los equipos de Bianchi. Es joven y, aunque este sea su segundo ciclo, dependerá de los resultados. Como jugador hizo muchísimo y siempre será un referente, pero al pasar del campo de juego al banco hay que empezar de nuevo.

—Le espera un trabajo largo y necesitará paciencia. Tendrá que soportar críticas y mantener firme una idea. Los hinchas queremos que el entrenador que llega, sobre todo si es del riñón de Boca, pueda quedarse diez años.

Mano a mano con Oveja Hernández: "Para triunfar en Boca hay que ser inconsciente"

“Un equipo tiene más huevos cuando mejor juega”

—¿Cambió mucho el hincha respecto de años anteriores?

—Cambió el mundo, sobre todo por las comunicaciones. Antes, para hacerle llegar una crítica a un jugador, había que irse afónico de la cancha y esperar que otros se sumaran. Ahora hay un bombardeo constante, y decir que las redes sociales no afectan es mentir. Cambiaron los hinchas y quienes consumen teatro, cine o cualquier otra cosa: todos tenemos más posibilidades de reclamar y de sentirnos protagonistas.

—¿Cómo se trabaja esa situación?

—Creo que lo mejor es no poner demasiado el foco en eso. Lo importante es concentrarse en lo que uno está haciendo.

Mano a mano con Oveja Hernández: "Para triunfar en Boca hay que ser inconsciente"

—Si al jugador solo se le repite que hay que ganar, se lo llena de ansiedad y puede creer que alcanza con poner “huevo”. Pero no se gana solo con eso: un equipo muestra más carácter cuando juega mejor. Al crecer la autoestima, también aumenta la actitud.

—Si un equipo es superado porque está mal trabajado, en lo táctico o en lo individual, la presión por ganar no lo resuelve. Los jugadores ya saben que tienen que hacerlo; no hace falta insistirles con eso.

“Para jugar en Boca hay que ser inconsciente”

—¿Cómo se maneja un plantel con tantos jóvenes que pueden destacarse rápidamente?

—La juventud y la falta de experiencia traen inconsciencia, y eso da audacia. En Boca es fundamental. Cuando pensás demasiado en lo que puede pasar si una pelota entra o no, o si un pase atrás termina en una pérdida, la situación pesa más. Para jugar con plena conciencia de todo lo que implica Boca hay que ser un supercrack.

—Tomar conciencia también significa entender el mundo en el que estás, que el dinero que ganás sirve para sostener a tu familia y construir un futuro. Un joven quizá todavía no dimensiona cuánto gana. Además, Boca es tan grande y tiene referentes importantes que incluso cruzarse con Román por los pasillos puede marcar un límite. Si yo estuviera al frente del club, siempre tendría tres o cuatro jóvenes: aportan una frescura necesaria.

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