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La vuelta de los hinchas a la Bombonera le dio un plus al equipo.

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22 de octubre de 2021
ole.com.ar

"Yo lo viví en contra y era increíble.

Ahora tenerlos a favor es totalmente distinto. Ellos alientan y nosotros nos motivamos”. La frase de Juan Ramírez tiene la doble mirada. Por eso, cuenta con ese plus de quien se vio del otro lado, con ese viento en contra que ahora disfruta a favor. Y los números acompañan esa sensación palpable, creíble.

Desde que volvió a jugar en la Bombonera con su gente (ni siquiera con toda su gente, sólo con la mitad más un poquito más), el equipo ganó los dos partidos que jugó de local. Antes, el contraste fue marcado: fueron 11 victorias, 13 empates y cinco derrotas. La conclusión: más partidos perdidos y empatados que ganados.

Del 52% de los puntos al 100% en este corto pero eficaz recorrido. Con un detalle no menor: tanto con Lanús como con Godoy Cruz, Boca empezó perdiendo. Es decir, que la presión actuó indudablemente a favor. Los hinchas, lejos de condicionar al equipo, lo acompañaron en la búsqueda de dar vuelta el resultado. Y los jugadores lo notaron, lo percibieron, lo aprovecharon.

Luis Vázquez fue uno de los que reflejó esa sensación que hacía tiempo no se tenía. O que al menos él, quien debutó en pandemia y sin gente, no había podido vivir: “La gente de Boca es única. Nos da ese plus que necesitamos. Su aliento nos ayudó mucho para sumar de a tres”, dijo el goleador, autor justamente del 2-1 ante el Tomba.

Vázquez con ese impulso que sólo experimentó dos veces (y que pagó con dos goles), Ramírez de un lado y del otro y Marcos Rojo, otros de los nuevos, también conmovido por su estreno en la Bombonera. “¡Qué lindo es jugar con nuestra gente!”, publicó el central en su Instagram. Suspendido contra Lanús por la expulsión en el Súper, el ex United convocó al Templo a toda su familia, que lo vio por primera vez jugar en una cancha que sin dudas fue motivo de seducción a la hora de volver a Europa. “¡Vamos, Boca! Gran noche en la Bombonera, todos juntos”, agregó el central, motivadísimo.

Podría decirse que Boca sufrió más que cualquier otro equipo la falta de su gente, la combinación perfecta, el peso específico que tiene el Templo con sus hinchas. Aquella sensación de que la cancha parece venirse abajo, que suelen experimentar los rivales, no se dio en 29 partidos. Lucía vacía, sin templar, ni latir. Perdió su máxima esencia. Y en los números queda claro que dejó de meterle miedo a los visitantes. O por lo pronto, que en este tiempo se le animaron mucho más.

Román y la importancia del patio de su casa...

“Damos ventaja con la cancha sin gente. En cada partido, el primero al que amonestan es a un jugador nuestro”, dijo entonces Juan Román Riquelme, quien se metió incluso en otro plano: el del condicionamiento arbitral. Hasta puso un ejemplo: “En los tres superclásicos que jugamos de local, nos expulsaron primero uno a nosotros. Sabemos que somos muy fuertes con nuestros hinchas”, agregó.

El vice siempre fue uno de los fundamentalistas del Templo, a quien definió como el patio de su casa. Y hasta combatió siempre la posibilidad de cualquier mudanza. “Lo único que pido es que la Bombonera siga donde está. Esa es la ventaja que tiene Boca. La cancha se mueve”, aseguró en otra ocasión.

El efecto Bombonera

El efecto, es evidente, se vio en estos dos partidos. Y en la forma en la que Boca dio vuelta un escenario adverso. Está claro que los jugadores recibieron una motivación que actuaba como faltante espiritual y, si se quiere, emocional. Porque hasta quienes vivieron ya esa sensación en las tribunas y en la cancha misma, como el Chelo Weigandt, volvieron a expresar la necesidad. “La gente es muy importante, el hincha de Boca está loco. Terminó el partido y seguía cantando. Me emociona todo esto, porque sé lo que es. Soy hincha de Boca y estoy en el club desde los seis años”, dijo.

En esta liga, incluso, la localía de Boca venía a los tumbos. Perdió con San Lorenzo, empató con Argentinos, Racing y Defensa y Justicia, y sólo le había ganado a Patronato y a Colón, antes del regreso del público. Ahora, van dos victorias al hilo y la sensación de que cuando le toque volver al Templo, el sábado 30 ante Gimnasia, justo el día en el que Diego Maradona cumpliría 61 años, el equipo vivirá otra noche especial, en la que esa cancha mítica ofrecerá su aura, su alma, su historia.

“La Bombonera con gente es increíble, es una cosa de locos”, cerró Juan Ramírez, el que abrió esta historia, el que estuvo de un lado y del otro, el que ya empieza a disfrutar de las ventajas de jugar con uno más...

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