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Emiliano Rey, el hombre que tuvo su propio Maracanazo.

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02 de septiembre de 2020
tycsports.com
El 2 de septiembre de 1998 convirtió el primer gol de Boca en la victoria sobre Flamengo por la Copa Mercosur. Fueron trece partidos en el Xeneize, mil historias y una foto de WhatsApp.

48 años después del Brasil-Uruguay de 1950 hubo un argentino que tuvo su propio Maracanazo. Fue un 2 de septiembre, por la primera fase de la Mercosur ‘98, en un partido entre Flamengo y Boca que terminó 2-0 para el Xeneize. El hombre en cuestión: Emiliano Rey, autor del primer gol. Delantero potente, 22 años, de Mar del Plata, uno de los ocho pibes que había puesto Carlos Bianchi en una formación con mayoría de suplentes. Los experimentados eran Basualdo, Traverso y Abbondancieri (sí, con “c”).


Rey jugó trece partidos en Boca pero parecieron muchos más. Y entre todos, fue aquel en Río de Janeiro el que lo llevó a las portadas de los diarios. Formó parte de los ciclos de Bilardo, Veira y Bianchi, compartió equipo con Juan Roman Riquelme y entrenamientos con Diego Maradona; vivió el vestuario con jugadores como Manteca Martínez, Giunta, el Negro Cáceres o la Tota Fabbri. Le quedaron mil historias.

“Había actitudes, gestos que hacían que los pibes creciéramos con esos códigos. El que adoptó todo eso de manera espontánea fue Riquelme, que al toque lo cobijaron porque vieron en él algo especial. Sobresalía en todas las prácticas. En los titulares vs. suplentes estaban Latorre, Cagna y Maradona, pero Román jugaba para los suplentes y era una cosa de locos”, cuenta.

Rey había llegado de Quilmes, donde Gustavo Alfaro lo había sacado del área para correrlo a la banda izquierda. En Boca, con Bilardo, era “como el servicio militar”: las medias altas, nada de manos en la cintura y ni hablar de usar remeras con inscripciones en inglés o pulseritas. “Nosotros le teníamos pánico y Maradona le hablaba como si fuera el amigo del barrio, pero se tenían un respeto increíble”.

Después llegó Veira. En un plantel con tantas estrellas era imposible jugar, aunque fue entonces que vivió una de esas situaciones que lo marcaron para toda la vida. El Bambino les pidió a él y a otros pibes que se presentaran antes a entrenar fuera de horario. Creyó que lo iban a borrar. “De pronto empezamos a escuchar ruidos de gomas, como una persecución, y era Diego -había dejado el fútbol- que venía a pelotear con nosotros para distenderse. ¡Y festejaba mis goles como si fueran suyos! Yo me creía Lewandowski”. Al día siguiente lo comparó con Batistuta.



Se fue un año a Barcelona de Guayaquil y volvió en 1998. Ya estaba Bianchi. Una de las primeras decisiones del Virrey había sido apartar a Caniggia. “Yo jugaba para los suplentes -recuerda- y él trotaba alrededor de la cancha; me daba tanta vergüenza que un día le pedí perdón”. Al Pájaro lo veía como alguien inalcanzable, una figura mundial: “Una vez lo puso de 8, encaró con la pelota dominada y cuando Bermúdez fue a marcarlo lo paró en seco con el brazo. Fue como un choque entre una Ferrari y un Scania”.

Rey se quedó unos meses más en Boca. Vivió aquella noche soñada del Maracaná, festejó el título del Apertura ‘98 y volvió a irse al exterior. Jugó en Deportivo Cali y Universidad de Chile, donde fue campeón. Pasó por Al-Ain de Emiratos Árabes, Aldosivi, Torre de Sassari, Cadetes y Florida de Mar del Plata. Pero fueron aquellos meses en el Xeneize los que lo marcaron para toda la vida. La foto de WhatsApp lo delata: una charla mano a mano con Carlos Bianchi en Casa Amarilla.

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