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¿Cuánto sabes de Riquelme?

“un clásico se juega diferente”.

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27 de septiembre de 2018
clarin.com
El Apache aseguró que el plantel quiere una revancha inmediata contra River.

Se suben al micro. Se bajan del micro. Se suben al avión en Buenos Aires. Se bajan del avión aquí en Córdoba para subirse de nuevo al micro y bajarse en la puerta del hotel Quorum, para jugar hoy contra Gimnasia por los octavos de final de la Copa Argentina. Todo con el ánimo partido en dos. Por más de que la mentalidad ahora sea la de “cambiar de página”, a Boca todavía lo invade la conmoción del 2-0 que River le propició en la mismísima Bombonera. Es lógico porque todo sucedió el domingo, apenas hace cuatro días. Y un golpe así, más si es el segundo consecutivo en un Superclásico, queda doliendo fuerte por un tiempo largo.

Darío Benedetto, desde el Aeroparque, desnudó en una frase lo que quedó flotando en el vestuario. Dijo: “Dolió haberlo perdido; no se jugó como hubiésemos querido. Hubo errores y por algo se perdió. Realmente creo que nos faltó jugarlo como un clásico. Pero no podemos detenernos a pensar en esto y ya hay que pensar en Gimnasia”.

Las palabras del Pipa, cargadas de una honestidad brutal, rebotaron en el mundo Boca, herido. ¿De muerte? Sería por demás apresurado y extremista asegurarlo, pero no escapa a una realidad: el equipo de Guillermo Barros Schelotto está parado frente a la puerta de lo que podría ser la primera gran crisis deportiva tras lograr el bicampeonato.



Del propio Boca dependerá no cruzar el umbral del laberinto. A los resultados inmediatos se aferrará para empezar a cerrar esa herida que por ahora sigue supurando. Algo es claro: la astilla del Superclásico estará allí, incrustada, molestando en lo profundo. Eso es inevitable. Pero el fútbol tiene que ver muchas veces con los estados de ánimo y el Boca abofeteado y arrodillado tiene chances de levantar la frente en lo inmediato.

Si le gana a Gimnasia acariciará su resentida confianza para mimarla un poco de cara al partido que más le interesa al pueblo de Boca, el jueves en Belo Horizonte ante Cruzeiro (en la Bombonera ganó 2-0).

Un resultado adverso aquí significaría perder uno de los objetivos, aunque no el primordial. Pero ni hablar si en la ciudad brasileña algo no sale como todos desean. Ahí sí que la palabra crisis futbolística no resultará nada exagerada.

“Revancha será contra River. Con Gimnasia hay que dar otra imagen. Cada uno procesa lo que pasó en silencio y hace su autocrítica. Sabemos cómo es el mundo Boca, que cuando se gana es todo muy lindo, pero si se pierde se hablan muchas cosas que a veces no son ciertas y otras veces sí. Hay que dar la cara. Estamos enojados, dolidos. El cachetazo fue a tiempo porque se vienen cosas importantes”, dijo Carlos Tevez después del entrenamiento, todavía en el césped del Mario Alberto Kempes. Y bancó los dichos de Benedetto: “La frase del Pipa está bien; un clásico se juega diferente”.

Boca quiere transformar la pena en impulso. En el medio, hay cuestiones que en la mala, como bien dijo Carlitos, se potencian. La nueva ausencia de Fernando Gago, al que el técnico no ve bien, hace ruido. ¿Reaparecerá el domingo contra Colón?

El enigma del arco
El enigma del arco es otro foco conflictivo. Las negociaciones con Huracán por Marcos Díaz no avanzan y los nombres ofrecidos (Oscar Ustari y Cristian Campestrini) no convencen. Lo más probable es que si llega un arquero ingrese por Javier Bustillos en la lista de la Libertadores y no por Andrada, quien la semana próxima comenzará su recuperación.

Mientras, Pablo Pérez tuvo que aclarar que está cómodo en Boca y que no piensa irse a fin de año, agobiado por las presiones de vestir la camiseta azul y oro, una versión que se echó a correr sin fundamento.

Tocado en su orgullo, el Boca del Mellizo navega en un mar picado. Pero el propio Boca tiene en sus manos el timón para no estrellarse contra las rocas.

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