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Amigo de Maradona y de Perón, y campeón de todo durante la era Bianchi, falleció Carlos Cappella, ex masajista del Xeneize entre 1990 y 2011 que también había competido como boxeador profesional.

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18 de octubre de 2020
ole.com.ar
Murió un histórico de Boca de las épocas doradas. Ese sábado, pasado el mediodía, el club anunció a través de su cuenta de Twitter el fallecimiento de Carlos Capella, ex masajista del plantel entre mediados de 1990 y comienzos del 2011. Ex jugadores, hinchas y periodistas lo despidieron en las redes con mensajes de cariño.



Capella -así lo llamaban todos, por su apellido- entró al club durante la presidencia de Antonio Alegre y se fue con la de Daniel Angelici. En el medio, compartió el día a día con los máximos ídolos de Boca y se cansó de dar vueltas olímpicas de la mano de Carlos Bianchi. Su palmarés no tiene nada que envidiarle al de Juan Román Riquelme, Martín Palermo, el Mellizo Barros Schelotto o el mismísimo Diego Armando Maradona, con quien además lo unía una relación de amistad. También era amigo del General Perón, a quien había conocido en su juventud.

El masajista más famoso de Boca llegó al club gracias a su vínculo con Cacho Laudonio, otro histórico empleado del fútbol profesional xeneize, ya que los dos habían sido boxeadores y se entrenaban en el mismo gimnasio. De hecho, Capella había desarrollada una interesante carrera en la categoría liviano y hasta había peleado dos veces contra Nicolino Locche: en 1963 fue empate y en 1964, victoria por puntos para el Intocable.



Siempre cálido y de buen humor, Cappella hizo grandes amigos dentro del club. Uno de ellos, lo dicho, Diego Maradona. Con el 10 pegó buena onda de entrada. Los dos compartían su origen humilde, su amor por Boca y su pasión por el fútbol y el boxeo. De hecho, el 4 de abril de 1996, Diego se subió por primera vez en su vida a un ring para participar de una exhibición a tres rounds en homenaje al ex campeón mundial de los moscas, Santos Benigno Laciar. Y durante toda la semana previa se entrenaba por la tarde con Cappella para que le enseñara algunos golpes.



Cappella primero fue masajista y se ganó la confianza del plantel, a punto tal que los jugadores en la época de Bianchi pelearon para que él también recibiera una parte de los premios que ganaba el equipo en las competencias internacionales. Después estuvo a cargo de la coordinación de la utilería y trabajó allí junto a su hijo Matías. Carlos también era papá de Julio, un ex marcador de punta de Español y El Porvenir luego devenido en barrabrava de Huracán. Su sobrino Carlos Hugo, además, también fue masajista de Boca hasta el 2017.



A Cappella, en cambio, todos lo describían como un tipo tranquilo, compinche, que nunca ponía mala cara. Una vez sola fue noticia por un tema ajeno a su trabajo. En abril del 2001, le arrojó una botellita con agua a la platea de Central, en un partido en Arroyito. Había ingresado a atender a Aníbal Matellán, tras un codazo de Juan Antonio Pizzi, y no se bancó la hostilidad de los hinchas del Canalla. Al rato la Policía lo sacó del banco, lo retuvo en el vestuario hasta el final del partido y una juez de falta de turno le abrió un proceso judicial que finalmente quedó en la nada.

A los 81 años, alejado del Mundo Boca, Cappella dijo adiós. Un masajista que quedó en la historia.

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