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¿Cuánto sabes de Riquelme?

Quedan 18 días para el choque con River y Miguel ya lo juega: sabe que debe encontrar el 11 base y un funcionamiento para poder vencer al equipo de Gallardo.

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24 de febrero de 2021
ole.com.ar

Hoy, así, la tiene brava...

Faltan 18 días para el superclásico. Tres partidos. Dos por la liga. Uno por Copa Argentina. 14 entrenamientos completos. Nada. River, en la Bombonera, el 14 de marzo, asoma como el primer gran desafío de este nuevo ciclo. River, en la Bombonera, el 14 de marzo, llegará mucho antes que el debut en la Copa. River, en la Bombonera, el 14 de marzo, es el objetivo. La misión. La cuenta regresiva que tiene Miguel Russo para encontrar un equipo, un funcionamiento, un nuevo Boca.

La realidad marca que Miguel todavía no pudo recuperar al campeón. Al campeón 2020. A su primer Boca. El que había conseguido un rendimiento que le permitió ganarle ese sprint final a River, justamente. Pero el que había logrado, sobre todas las cosas, una marcha, un patrón, un 11 de memoria. Como dijo Tevez: “Ese equipo era sólido y sabía a lo que jugaba. Luego, nos costó muchísimo volver”.



En Rosario, Boca mostró una mejoría. Es cierto, el piso era bajo. Pero sin refuerzos, con flojos niveles individuales y con un ciclo puesto en duda puertas adentro, Russo debía generar una reacción táctica. La hubo. Y fue suficiente para lograr la primera victoria del año en siete partidos. Pero tanto Miguel como su cuerpo técnico saben que ese nivel, el mostrado en Rosario, igual no alcanza. No le alcanza, al menos, para competirle a River, más que nada en funcionamiento.

Hasta ahora, el Xeneize se le puso a la par en los objetivos deportivos e incluso, le arrebató los últimos dos títulos locales, pero en el juego, en la continuidad de una idea, de un modelo, sigue abajo. Y así, hoy la sigue teniendo brava.



Ante Newell’s, el pibe Cristian Medina fue un refresco para un mediocampo que asomaba lento y desgastado. Con la energía y el atrevimiento de sus 18 años, revitalizó al equipo. Cardona, en cuentagotas, aportó su clase y también su técnica para la pelota parada (centro de la cabeza de Izquierdoz para el 1-0), Campuzano volvió en un nivel discreto, pero fue otra vez primer pase. Capaldo cumplió en su estreno de titular como lateral derecho. Zambrano levantó su nivel. Fabra se asoció mejor con Villa por izquierda. Pero...

A ese 4-1-4-1, igual le faltó sorpresa y profundidad. Y sobre todo, peso ofensivo. A Zárate, sin oficio de goleador, el área le volvió a quedar lejos y el frente de ataque, demasiado grande. Y Salvio, en su regreso al 11, no tuvo constancia ni desequilibrio.

Por todo, Miguel sabe que debe levantar la vara para volver a ganarle a River, algo que todavía no sucedió en su ciclo, más allá de la ganancia en el mano a mano indirecto. Apenas se enfrentaron una sola vez y fue 2 a 2, un resultado que dejó mejor perfilado a Boca para llegar a la final de la Copa Diego Maradona, pero que dejó mejor parado al equipo de Gallardo en el desarrollo del juego.

Por eso, Sarmiento en la Bombonera y Vélez en Liniers, los dos partidos previos al Súper, serán dos pruebas importantes para empezar a darle forma a un 11 o, por lo menos, a una estructura. No será así el encuentro ante Claypole, del 3 de marzo, por Copa Argentina, ya que seguramente tendrá varias modificaciones y hasta la posibilidad del debut de Rojo.



La mira, entonces, está puesta en el Súper. En el mientras tanto, habrá que ver cómo Russo acomoda un equipo que le dio algunas respuestas, aunque no todas. En ese camino, el DT apunta a mantener a una base y a ir recuperando individualidades. Una, clave: Eduardo Salvio. Para Miguel, siempre fue una de las llaves ofensivas, por su capacidad para romper en el uno contra uno. Pero desde hace un tiempo que el ex Benfica está bajo, apagado, sin esa capacidad para filtrar defensas que sí mostró hasta no hace mucho.



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