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Club de fans de Riquelme
¿Cuánto sabes de Riquelme?

Pablo Knack colecciona camisetas, botines, fotos y banderines en un lugar que acondicionó con pasto sintético y paredes como el vestuario de La Bombonera.

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07 de septiembre de 2019
clarin.com
“Lo mejor que me pasó como coleccionista fue poder exponer mis camisetas en La Bombonera. Y encima compartir ese momento con mi ídolo, Juan Román Riquelme”, cuenta este fanático llamado Pablo Knack.

Una escalera plegable lleva al altillo de la casa de Pablo en Bella Vista: un verdadero santuario que cualquier fanático de Boca soñaría con tener. El piso es de pasto sintético y las paredes imitan a la perfección el vestuario de los cracks del fútbol argentino. Hay botines, variedad de pelotas, cuadros, banderines, butacas originales de la cancha de Boca y hasta una réplica de la Copa Libertadores. Sobre las perchas descansan las casacas azules y amarillas de todas las épocas.

Pablo pasó de ser un simple fanático de Boca a convertirse en un meticuloso coleccionista. No sólo logró reunir innumerables reliquias pertenecientes a los íconos del Xeneize, sino que llegó a conocer a grandes figuras como Martín Palermo, Chicho Serna y Carlitos Tévez. Todo comenzó cuando era chico y su papá y su hermano lo llevaban a la cancha.



“Yo veía cómo los rivales iban siempre a buscar a Riquelme para cambiarle la camiseta, y yo pensaba ’qué bueno sería tener una usada por Román’”, cuenta el vecino de 34 años. “Al día de hoy tengo unas 250 camisetas, todas usadas por distintos jugadores de Boca a lo largo de su historia. Tengo de muchos jugadores, pero de los modelos que usó Riquelme tengo prácticamente todas”, agrega sobre el 10.



Pero, claro está, una colección así no se logra de un día para otro. Para conseguir las valiosas casacas, el vecino tuvo que mover cielo y tierra para llegar a contactar a ex jugadores, dirigentes, técnicos, coleccionistas y hasta barrabravas. “Mi primera camiseta la conseguí hace 12 años. Fue la que usó Riquelme cuando Boca ganó la Copa Libertadores en 2007. Conseguí esa y no paré más”, recuerda Pablo, y le brillan los ojos. “Pero mi favorita es la que usó Maradona en 1981. Primero, porque esa camiseta fue elegida a nivel mundial como la más linda en la historia del fútbol, y el hecho de que sea Diego, la hace más bella aún, dificilísima de conseguir y muy valiosa”, agrega.



A diferencia de otros coleccionistas del mismo círculo que se dedican exclusivamente a comprar y vender camisetas y otros objetos de valor, como una manera de generar ingresos, Pablo prefiere no convertir su museo en un negocio. “Trabajo en una empresa familiar de camiones con mi viejo y en los tiempos libres me dedico a esta pasión, que es una gran parte de mi vida. No vivo de vender camisetas, si vendo alguna es porque ya la tengo y uso esa plata para poder conseguir una que me falta”, cuenta Pablo. “Así como llegan, las guardo. Si vienen manchadas con pasto, por ejemplo, nunca las lavo, las dejo así tal cual. No soy de usarlas, no las cuento como ropa. El otro día me invitaron a jugar al fútbol y le dije a mi mujer: ‘No tengo nada qué ponerme’. Y ella se moría de risa”, agrega Pablo, padre de Zoe, de tres años, a quien ya le tiran los colores azul y amarillo.

Su trayectoria como coleccionista tuvo su momento cúlmine el 27 de octubre de 2016, cuando lo invitaron a mostrar sus reliquias en la mismísima cancha de Brandsen 805 para un especial sobre Riquelme en la señal de deportes TyC Sports. “Reuní fotos con 42 jugadores de diferentes momentos de Boca”, revela Pablo, y recuerda: “Tengo cinco fotos con Román, una de ellas me la pude sacar dentro de La Bombonera, cuando le mostraron, conmigo delante, toda mi colección. Para mí fue un honor que el genio boquense pueda ver y valorar el esfuerzo que yo hice para juntar todas sus camisetas. Fue increíble que abrieran la Bombonera sólo para nosotros, una de las cosas más lindas que me pasó”. Además, el sanmiguelino salió en la tapa del diario deportivo Olé rodeado de sus camisetas, cuando le hicieron una nota ese mismo año con motivo de la Expo Boca.



Actualmente, Pablo continúa expandiendo su colección y busca poder compartirla con otros apasionados de la historia del equipo de la Ribera. “Me gustaría poder concretar un acuerdo con el museo de Boca para que expongan mi colección y pueda ser apreciada no sólo por mis amigos cercanos, sino por miles de millones de personas que comparten mi pasión”, cierra ilusionado.

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